lunes, 9 de mayo de 2011

Play


PLAY
¿Nunca has tenido la sensación de que te observan? ¿De que eres vigilado? Yo la tengo, y desde hace un mes. Sé que están escondidos... en algún lugar, en algún sitio. Acechándome. Como una manada de lobos a la espera de su presa. Juegan y juegan... hasta que se aburren. ¿Y todo? Todo por estar en el lugar equivocado en la hora inadecuada.
Y la cuestión de todo es: ¿Qué tan peligrosos son estos lobos?, o, peor aún, ¿Cuándo se aburrirán?


Hace un mes...


- ¿Mery?, sí soy Liz, ¿puedes quedar?... si, en el bar que... ah, vale, adiós.
- Hola Sasha, soy Liz... es que hay un bar nuevo y... ¿No?... lo siento... que te mejores.
- Hey Sandy, me preguntaba si podrías quedar en el bar... pero... esta bien, otro día será.
-¿Sandy?
-¿Cris?

¿Es posible que nadie pueda quedar conmigo? ¿Qué le pasaba a todo el mundo? Es decir, sé que ese bar no es el mejor de todos, pero hay buen ambiente. ¿Tan malo era?
- Pues si ellos no quieren ir conmigo - dije para mí misma - me iré yo sola. Que para algo es sábado.

¿Y saben qué? Fue la peor decisión que tomé en mi vida.

Tlim-Tlim

La verdad era que me irritaban esos timbres, pero bueno, ahí estaba.
Me senté en la barra mientras el camarero les servía una copa a dos señores, que para la hora que era, estaban muy alegres.
- ¿No creen que ya han bebido demasiado? - les dijo uno de los camareros.
Ambos rieron mientras un señor con cicatriz hablaba.
- Mientras paguemos, ¿A ti que te importa?
Le salió al raro pues entre la borrachera y el acento francés que tenía, ni siquiera yo sé si lo entendí bien.
-¿Te puedo servir algo? - dijo el camarero de la barra sacándome de mis pensamientos.
- Dame una Coca-Cola, por favor - el camarero frunció el ceño y me la sirvió con desgana.
-De nada - dijo dándome una mirada afilada.
- Toma, quédate con el cambio - dijo un chico que estaba sentado a mi lado. Él también tenía cierto acento.
Se levantó y salió con la cabeza alta. Aun no se había cerrado la puerta cuando los señores se levantaron y salieron tras él.
Extraño...
Estaba a punto de coger mi Coca-Cola cuando sonó mi móvil.
-¿Liz? Soy Mery, necesito que vengas a mi casa. No veas lo que me ha pasado.
-Cuenta, cuenta.
- Ahh, tienes que venir.
- Vale, vale, ya voy.
- Bien, pero date prisa.
Colgué, apenas llevaba cinco minutos en el bar y ya Mery me estaba llamando para sus cotilleos.
Era temprano pero ya estaba oscureciendo, las calles estaban silenciosas a excepción de las que estaban llenas de bares y borrachos prematuros.
Doblé en la siguiente esquina para tener que evitar ese tipo de calles, el viaje se haría un poco más largo pero valdría la pena.

- ¡Te he dicho que todavía no lo tengo! Necesito más tiempo.
Esa voz me sonaba... Tenía el mismo acento raro que el tipo del bar.
- Vamos Frederick. Estamos cansados de lo mismo - dijo otra voz con acento francés.
Me acerqué más, me escondí detrás de un contenedor y asomé un poco la cabeza para poder verles.
- Tenías que haberlo pensado mejor - Dijo de nuevo la segunda voz.
El que hablaba era el señor del bar, el que tenía la cicatriz. También estaba su acompañante, pero no podía verlo bien. Estaba parado de perfil y apenas podía verle una estrella que tenía tatuada en la frente.
Tras ellos, estaba el chico del bar. Frederick, como ellos le llamaban.
- Chicos... Sabéis que soy de fiar.
- Pardon messie, pero todos tenemos un límite, ¿verdad? - dijo dándole un sentimiento al hombre de la estrella.
Este se movió ágilmente y sacó una especie de tubo negro. Apuntó a la cara de Frederick mientras decía unas palabras en francés.
- Por favor...no... chicos...por favor - dijo entre sollozos.
Se escucho un sonido fuerte como un trueno y ya no se escucharon sus gemidos.
Eso no era un tubo, era una pistola.

Y acababan de matar a un hombre.

Antes de poderme controlar se me escapo un grito seguido de un brinco. Ambos de dieron la vuelta y no me lo pensé dos veces. Estaba en shock, pero no quería ser la típica tonta que se quedaba parada o que entraba a una casa encantada gritando "¿Hay alguien ahí?"
Corrí tanto como podían mis pies.
- Síguela, ¡nos ha visto! - Gritó uno de ellos
Doblé en la primera calle que vi, solo se podía oír el pisar de mis pies y el de los que me seguían.
Sonaron truenos, y en mi mente solo podía escuchar mi pequeña vocecilla que gritaba "¿Ese tío me esta disparando?" repetidas veces.
De lejos podía escuchar la música de algún bar o alguna fiesta, pero de cerca podía escuchar como unos pasos se me acercaban. Tenía pánico. Yo no solía correr y no iba a tardar mucho tiempo para que mis pies dejaran de responder.
Doblé de nuevo en la siguiente calle. Error. Sin darme cuenta me vi corriendo por el puente de Santa Lucía, y la verdad era, que no creía que llegara al otro extremo.
Eso fue más que una creencia cuando vi al señor de la cicatriz esperándome al otro lado. ¿Dónde se metía la gente? No veía ni un solo alma. Frene en seco en mitad del puente que había dejado de escuchar los pasos que me seguían.
Mire hacia atrás y vi cómo el hombre de la estrella caminaba lentamente hacia mí. Me tenían acorralada, ahora se tomaban su tiempo. No me lo podía creer, no hacía más de media hora que estaba tranquilamente en un bar mientras ellos se emborrachaban. Por lo visto, tan borrachos no estaban. Que bien sabían fingir estos franceses.
El viento me golpeaba fuertemente mientras esperaba mi destino. Estaba tan asustada que mi espalda se aferraba al murillo del puente. Miré hacia abajo y vi como las olas se movían tranquilas mientras cincuenta metros arriba la presión me mataba.
- No tienes salida - dijo el hombre de la estrella. No estaba a más de cinco metros de mí. Y lo que dije, me salió sin pensar.
- Sí que la tengo.
Me subí al pequeño muro mientras ellos intentaban alcanzarme ahora con más prisa.
No tenía tiempo, y me tiré sin pensar.


- Tas...en...chas
Solo podía escuchar una voz que no entendía, me dolía un montón la cabeza y sentía mareos.
De repente sentí una presión horrible en el pecho y comencé a toser agua a raudales.
-Me...cu...tas...en...
- ¿Qué? - No entendía nada de lo que decía esa voz
- ¿Me escuchas? ¿Estás bien?
- Un poco y a medias.
A duras penas pude abrir los ojos para ver a un chico que no hacía más que oler a pescado.
-¿Por qué te perseguían? - dijo una voz con tono autoritario
Perfecto, no me había ni sentado y ya había empezado el interrogatorio. Miré hacia donde vino la voz y vi aun señor mayor con cara de reproche.
- ¿Qué?
- No te hagas la tonta, sé que los franceses te perseguían.
Me quedé petrificada en mi sitio
- Y bien, ¿nos vas a contar por qué te tiraste?
- ¿Cómo sabes que me tiré? Podrían haberme tirado ellos.
- Lo sé porque no tienes una soga en el cuello o una bala en el pecho.
Miré hacia el mar, era noche cerrada y todo estaba negro como el carbón, nos dirigíamos a la orilla. Me aferré con fuerza a la manta que me habían dado.
- Yo...yo...he visto lo que no debería ver...
- ¿Sabes jovencita? Aléjate de esa gente. Tú no has visto nada. No has oído nada. Esto no ha pasado y sobre todo, no nos has visto. ¿Entiendes?
Asentí con un ligero movimiento de cabeza.
Esto me daba qué pensar bien. ¿Por qué ese hombre quería cubrir a los franceses? Sabía demasiado para ser un simple pescador.
El resto del camino lo pasé en silencio. No hicieron más preguntas y cuando llegamos a la orilla me bajé sin mediar palabra.
- Jovencita - dijo el mismo señor. Di la vuelta para mirarle.
- Ten cuidado con lo que dices, a no ser que quieras convertirte en una muerta en vida.
Prendió el motor y reinició su camino.
Este tío me da mala espina.
Mi suerte pendía de un hilo que se acababa de romper y ahora no sabía que hacer.
Inicié el camino a casa. Suspirando mientras caminaba, parecía una 
zombi de película. Iba descalza, ya que mis zapatos se habían perdido en la caída, y mi ropa estaba mojada y harapienta, además de que tenía la tez pálida debido del frío.
Tal vez era una 
zombi más.

Una muerta en vida.


Las luces estaban apagadas cuando llegué a casa, menos mal que mis padres estaban de viaje. Con eso me bastaba.
Mi hermano debía de estar durmiendo. Me dirigí a mi habitación pasito a pasito para no hacer ruido. A este ritmo tardaría todo un año en llegar. Iba a dar mi siguiente paso cuando de repente se abrió la puerta y vi la figura de un hombre en ella. Mi primer pensamiento fue "Oh no, me han seguido"
-¿Por qué llevas esas pintas? Pareces un monstruo marino.
Mi segundo pensamiento fue "mi hermano es un estúpido"
- ¿Qué haces llegando a estas horas?
- Venga ya, no me vengas con esas, hermanita que he visto cuándo entrabas al portal.
- Soy tu hermana mayor así que soy la que esta a cargo. ¿Cuál es tu excusa?
- Había una fiesta - dijo con arrogancia mientras encendía la luz.
- ¿Qué es esto? ¡No me puedo ir ni un momento y ya pones la casa patas arriba!
La casa estaba toda desorganizada. La mesa estaba tirada en el suelo, al igual que los papeles. Los cristales de los marcos de fotos estaban tirados por doquier. Y no había nada que hubiera quedado intacto.
- ¡Yo no he sido! ¡Te lo juro que no!
- ¡Kevin, no mientas!
- ¡Es la verdad!
Miré por toda la casa, entré en mi habitación y estaba todo por el suelo, mis marcos, mis libros...todo.
- Liz, será mejor que vengas a ver esto.
Me dirigí a su habitación dando pisotones, se la iba a cargar.
- Más te vale que arregles este desastre.
- Mira eso- dijo señalando su cama.
- Pero... ¿Qué es esto?
Si la casa estaba hecha un desastre, su cama esta peor. Había un montón de almohadas formando un bulto, y nada más y nada menos que una sandía explotada en la parte superior.
- Yo... quería... engañarte. Ya sabes, por si acaso te pasabas para ver si estaba... Así que hice un cuerpo de mentira.
- Ya, eso ya lo veo ¿Por qué está la sandía explotada?
Me acerqué y la abrí con cuidado.
- Eso...eso... ¿Eso es una bala?
- Por eso te he llamado ¿Sigues creyendo que esto lo he hecho yo?
- Espérame aquí. Voy a cambiarme.
-¡Liz! ¿Qué pasa?
Entré en mi habitación cerrando la puerta sin hacerle caso. Salí cinco minutos después con ropas limpias mientras Kevin esperaba tras la puerta.
- ¿A dónde vamos?
- Quedarnos aquí desde luego que no.
- Ni siquiera podemos cerrar una mísera puerta.
- ¿Qué ha pasado?
- Préstame tu móvil
- ¿Para qué?
- ¡Préstamelo!
Lo sacó de su bolsillo y me lo entregó con cuidado. Llamé a Mery, en este momento solo ella me podía ayudar. Respondió al tercer toque.
- ¿Mery? Sí, ¿puedo quedarme en tu casa?... con Kevin también... luego te cuento... sí... gracias, adiós.
-¡¿Me vas a contar qué pasa?!
- Vamos, te cuento en el camino.


Al terminar, estábamos en el portal de Mery.
- Tenemos que ir a la policía
- No sé...no sé...
- ¿Y cuando lleguen nuestros padres que? ¿Les dirán que se queden en casa de Mery? ¿Es que no piensas en eso?
- No le digas nada a Mery.
- Solo si mañana vamos a la policía.
Suspiré.
-Está bien, vamos


El despacho era pequeño y claustrofóbico. Olía a papeles y la mesa era prueba de ello. Si no fuera por las patas no se podría diferenciar su color.
- Entonces...usted me dice que se tiró del puente ¿cierto?
- Ya se lo he dicho mil veces, si, me tiré del puente.
- ¿Y como sobrevivió?
- No lo se, lo próximo que recuerdo es cuando esos hombres me recogieron en la barca, ya se lo dije.
- Bien...bien... - El agente Willsons estaba cavilando y tomando apuntes de lo que decía, pero bien podía estar dibujando un cómic pues no me hacia mucho caso.
Willsons me miró fijamente mientras habló.
- Lo mejor será que os vayáis del pueblo.
- Pero... ¿Tendríamos que irnos para siempre? - Este tipo cada vez me caía peor.
- No, solo hasta que las cosas se calmen.
- Pues ya le dirás eso a mis padres - Kevin estaba que trinaba
- Ya, y lo haré. Pero primero decidme donde iréis
- No lo sé... tenemos mucha familia... pero lejana ¿sabe?
- Sí, sí, pero alguien tendrá de haber.
- Podríamos irnos donde la abuela...
- ¿Dónde vive? - Dijo el agente Willsons
- En las afueras.
El agente rió
- No hace falta cruzar la frontera chicos, ¿No tenéis alguien más cercano?
- Pues... la tía Lilian
- ¿Dónde esta?
- En Madrid - respondí.
- Bueno...eso está mejor. Corred y coged lo que tengáis, idos lo más pronto posible. Yo llamaré a vuestros padres para que vayan directos hacia allí. Tomad -
Cogió su cartera y nos entregó unos billetes - Es para los pasajes.
- Gracias - al final no era tan malo. Salimos del despacho a toda prisa.
- De nada - dijo el agente mientras nos alejamos.
Lo que no sabíamos era que mientras nosotros salíamos, él hacia una llamada.
-Jefe, sí, soy Willsons, ya sé dónde encontrarla.


-Vamos Kevin, vas a hacer que lleguemos tarde - Dije mientras le tiraba de la camiseta
- Hermanita, ¿te he dicho alguna vez que eres muy pesada cuando te pones mandona?
- Corre que se nos va a ir el tren
Corrimos y entramos justo cuando tocó el silbato de aviso. Hoy era nuestro primer día de clase y ya íbamos a llegar tarde. Perfecto. Kevin siempre hacía lo mismo.
Al final nos fuimos a Madrid, donde la tía Lilian. Llevábamos una semana instalándonos y hoy se nos acababan las "vacaciones". Nuestros padres estaban de los nervios porque tuvieron que cambiar de trabajo y dejarlo todo, pero, ¿Y nosotros qué?
Estaba sumida en mis pensamientos cuando me di cuenta de la presencia de dos hombres, uno mucho mayor que el otro. No se por qué me llamaron mucho la atención...había algo en ellos.... ¿Y si nos habían seguido? No, ellos no eran los franceses del callejón, pero me sonaban mucho...Me puse nerviosa. Ellos no eran los franceses, pero eran los pesqueros que me encontraron.
El más mayor llevaba un maletín negro que tocaba como si fuera un metal delicado.
Cuando llegamos a la siguiente parada empezaron a susurrarse y mirarnos. Pensé en decirle a Kevin que nos bajáramos en esta parada pero se le veía muy entretenido jugando con su PSP. Además, diría que estaba paranoica. Tal vez solo se parecían, pero seria mucha coincidencia... Aparte, ellos fueron los que prácticamente me salvaron la vida.
La cabeza me comenzó a dar vueltas "Tú no has visto nada, no has oído nada, y sobre todo, no nos has visto" todo eso comenzó a resonar en ella.
Tal vez ellos eran de los malos y por esos no querían que hablase, definitivamente en esta parada teníamos que bajarnos, sin importar lo que Kevin dijese. Ese maletín me daba mala espina.
Pero el tren inicio otra vez la marcha y ellos comenzaron a abrir el maletín. El misterioso y negro maletín.
Todo lo demás pasó en cámara lenta.
De fondo sonaba "Próxima parada, Sol. Correspondencia con..." mientras en frente dos hombres activaban un explosivo.
Miré a Kevin. Estaba jugando y no se daba cuenta de lo que sucedía.
- Hey, Liz. Estoy perdiendo. Oh no, estos monstruitos me van a matar. ¿Y esa cara?
Miró hacia los hombres y sus ojos se agrandaron mientras ellos pulsaban el botón de "
Game over"


Todo, absolutamente todo, se volvió negro.

Fin, se acabo el juego.
¿O no?
  

4 comentarios:

  1. hay bolito no te deprimas que a mi me a gustado mucho la historia esta muy bien echa y yo se que te lo as currao mucho y te aseguro que tu esfuerzo sera recompensado tarde o temprano TKM

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  2. oyee pues esta mu bn :) Ni una sola falta de ortograaafia eh !! Como molaa ;)

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  3. Me gusta , te sigo !
    Pasate por mi blog , sigueme i comenta , un saludo y sigue escribiendo , por nada del mundo te desanimes!

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  4. Me encanta el cuento, sobretodo el final enlanzando el juego y lo que pasa en el metro.
    Mañana hablamos en clase porque te quiero proponer un proyecto relacionado con tu cuento.
    Saludos :)

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